Geografía Física, Humana y Económica.

Caravia, concejo con capitalidad en Prado, está emplazado en la costa centro-oriental asturiana; limita al norte con el mar Cantábrico, al este con Ribadesella, al sur con Parres y al oeste con Colunga. Ocupa una extensión de 13,36 km2 dividida en dos comarcas diferenciadas: Caravia Baja y Caravia Alta.

El territorio caraviense puede entenderse como una rasa litoral cerrada al sur por la sierra del Sueve y la cumbre de El Fito; ofrece im paisaje de abundante planicie o de pendientes no excesivamente pronunciadas. El 62,88% de su extensión Comprende superficies con alturas inferiores a los 200 m; el 33,66% corresponde a terrenos con alturas entre 200 y 400 m, y Solamente un 3,46% alcanza cotas superiores a los 400 m pero sin sobrepasar los 800 m. Se trata, por tanto, de un municipio de amplios valles con suelos fácilmente cultivables, sobresaliendo al Sur las cumbres del pico El Castro y de El Fito. Esta cima representa la cota máxima del concejo con una altura de 631 m.

La zona litoral, con praderías, huertas y arbolado de frutales, es de llanura o de suaves pendientes. En la costa alternan playas de agradable estancia (Espasa y arenal de Morís) y acantilados roquedos (El Visu, Ocidiellu, Peñón de Melín, Peñaforada, Punta de Atalayas). La zona alta corresponde a las estribaciones de la cadena montañosa de El Fitu y de la sierra del Sueve con tierras propicias al pasto y al arbolado. Entre ambas zonas se ubican los principales núcleos de población como Prado, Cerracín, Duyos o Carrales.

El subsuelo caraviense es rico en espatoflúor. La explotación industrial de este mineral tuvo sus inicios hacia 1938 y alcanzó un auge importante en el período 1950-1970. A partir de esta fecha comienza la decadencia de esta industria extractiva hasta su práctica desaparición.

La presencia de aguas fluviales es relativamente escasa y se manifiesta en algunos arrovuelos (Melfonso, Duesos...) de poca importancia. Sí son abundantes las aguas freáticas con manantiales de agua potable como la Minariega, Caballiz, Fuentefría, Alixu del Tesu, o la Riega de Gonzalo el Fuerte. Unas y otras condicionan un suelo bien regado com amplio destino a la agricultura, ganadería y explotaciones forestales en las que predomina el cultivo del eucalipto.

Al igual que el colungués, el Clima de Caravia debe entenderse como suave, templado y húmedo, sin acusados gradientes térmicos. La pluviosidades moderada y las temperaturas oscilan entre los 7-9 °C en épocas invernales y los 20-22 °C en tiempos de estío. Son frecuentes las nieblas en las cotas altas como consecuencia de la evaporación de las aguas marinas y la acción de los vientos de componente norte que, al chocar contra la barrera montañosa, estancan la mancha de niebla en las cumbres y en sus proximidades.

En general la población. caraviense fue siempre pequeña debido, entre otras razones, a la minúscula extensión de su territorio y a la propia economía del concejo, fundamentada básicamente en las labores agrícolas y ganaderas. Evidentemente, la explotación minera del espatoflúor propició una mayor presencia de gentes, pero una vez cerradas las explotaciones volvió a disminuir notablemente. El padrón de 1996 registra una cifra de 577 habitantes, la más baja de toda la centuria. Al comenzar el siglo en 1900, el número de personas era de 925, creciendo lentamemte y con algunas oscilaciones hasta 1930, que con 1.274 alcanza la máxima. A partir de entonces las pérdidas son continuas, si bien se pueden diferenciar dos periodos, uno hasta 1960 (1.096 habitantes), de descenso más contenido, y desde entonces hasta nuestros días, en que la tendencia se acentúa. Así, en la actualidad, su densidad es de 43,18 habitantes por kilómetro cuadrado, menos de la mitad de la media asturiana.

Hubo, asimismo, ciertas corrientes de emigraciíón americana dirigidas fundamentalmente hacia México, Cuba y Argentina.

Al cesar la industria extractiva, que llegó a absorber un 61,8% del empleo, en la actualidad la economía del concejo se basa en la agricultura-ganadería con un 34,1% del empleo, y en el sector servicios, 45%, con un potencial de riqueza turística importante; el sector industrial ocupa al 20,8%, prácticamente sólo en edificación y obras públicas.

Se cultivan todo tipo de hortalizas. Leguminosas (especialmente alubias), patatas, maíz y abundancia de frutales (manzanos sobre todo). Campos, praderías y pastizales propician una buena ganadería (asturiana de montaña, asturiana de los valles, pardoalpina y frisona) con poca presencia de ganado lanar, equino y caprino. La rentabilidad de las actividades agrícola-ganaderas es de subsistencia familiar dado el carácter minifundista de las explotaciones.

La carretera N-632 Ribadesella-Canero es el eje vial más importante del municipio. En Carrales, una carretera local comunica con Valle y Duyos para enlazar con la AS-260 que conduce hacia El Fitu-Arriondas. Otros caminos locales comunican con la playa de Morís y con caserías de la comarca.

Un servicio de autobuses posibilita el transporte público con Ribadesella, Colunga, Villaviciosa, Gijón y Oviedo.

Historia.

La presencia humana en territorio caraviense puede datarse en los tiempos de las invasiones indoeuropeas. Los testimonios más antiguos hallados corresponden a culturas prerromanas (estela de Duesos encontrada en la iglesia de Caravia Baja) y castreñas. El pico El Castro, estudiado por Aurelio de Llano en los años 1917 y siguientes, confirma el establecimiento de población castreña en esta comarca. No hay en este castro vestigio alguno de romanización y su cronología remonta al menos a los siglos III-II a. de C. Se recuperaron en las excavaciones numerosos objetos de hierro y una preciosa fíbula en forma de caballo.

En el siglo X hay mención en la documentación a numerosos lugares de Caravia, y en la primera mitad del siglo XI el poderoso Conde Munio Roderici, apodado El Can, funda el monasterio de Santiago de Caravia, al que dotó con magnanimidad. El 1 de enero de 1176, el rey Fernando II dona a la Iglesia de Oviedo este monasterio, localizado "in valle de Colunga". Ya en 1215, Alfonso XI hizo libre y exento el monasterio de Santiago, confirmó la anterior donación y dio al obispo de Oviedo los hombres y mujeres del valle de Caravia, liberándolos de su jurisdicción para pasar a la de la Iglesia de Oviedo. Tal acto supone la independización del territorio de Caravia del de Colunga y su inclusión en el señorío eclesiástico, situación en la que continuó en los siglos siguientes; al menos, como tal se cita en otro documento de 1381. Sin embargo, en 1594, cuando se aprueban las ordenanzas de este año de la junta General del Principado, aparece Caravia como concejo de realengo, formando parte del llamado partido de Llanes y ocupando en las juntas el asiento 33.

En general, la historia caraviense puede definirse como tranquila y, en estos últimos años, únicamente afectada por los avatares de las explotaciones mineras.

Entre todos los caravienses ilustres destaca la gran personalidad de Aurelio de Llano Roza de Ampudia (1868-1936), investigador y académico, autor de multitud de estudios sobre Caravia en particular (El Libro le Caravia, de 1919) y sobre Asturias en general. Sobresale su extraordinaria obra Bellezas de Asturias editada en 1928. Sus investigaciones etnográficas recopiladas en libros como Del folklore asturiano. Mitos, supersticioues, costumbres son consideradas de un extraordinario valor.

Arte y Cultura.

El municipio caraviense -praderias, arbolado y mar- ensambla una imagen de tradicional asturianía: viejos hórreos, algunos con antigüedad de siglos; casonas solariegas o palacios como el de los González Cutre, en Prado, obra renacentista de comienzos del siglo XVII o el palacio de Manjón, en Caravia Baja (siglo XVIII); son también revelantes las iglesias parroquiales de Santiago en Caravia la Baja (Duesos), donde apareció una estela decorada con motivos de entrelazos, prerromana, y la de Nuestra Señora de la Consolación de Prado.

Hay también edificaciones coloniales, consecuencia del retorno de emigrantes adinerados.

Las dos fiestas más celebradas corresponden a Santiago Apóstol, en julio, y a la Virgen de la Consolación, mediados de Septiembre.

Gastronomía.

Huerta, monte y mar condicionan y definen la culinaria caraviense que, sin tener especialidades concretas, es una muestra general de toda la cocina asturiana. Los platos más celebrados en la comarca son: patatines con pulpo, fabes con jabalí, carnes de vacuno, potes, fabadas, empanadas y postres a base de queso (tarta de queso).

Rutas.

Caravia brinda imagen de naturaleza, aunque en algunos casos perduren sin restañar las viejas heridas que causó la explotación minera a cielo abierto. Las playas de la Espasa y arenal de Morís; las excursiones al pico El Castro, a la Cruz de la Forquita o al mirador de El Fito (balcón a la montaña inaugurado en 1927 y desde el que se divisa un soberbio panorama de mar y montaña), o Simplemente los paseos entre sombra de arbolado constituyen una oferta de turismo tranquilo. Con todo, la extraordinaria sierra del Sueve constituye por sí sola un aliciente excepcional para los amantes de la naturaleza.

AUTOR: José Antonio Fidalgo Sánchez