Geografía Física, Humana y Económica.

Cabranes es un municipio pequeño, con una extensión de 38,5 km2, interior, enclavado entre Villaviciosa, Piloña, Nava y Sariego. Su perfil es una sucesión constante de laderas, lomas y montes, unidos por leves hondonadas por donde discurren arroyos y ríos de trayectoria caprichosa, así como un sinnúmero de senderos y caminos que acceden a todos los lugares. El relieve, que declina suavemente en dirección a la costa, se exhibe a una altitud que oscila entre 580 y 160 m. Monte Incós, La Soma y Peña Cabrera son las cimas más elevadas y señalan el perímetro. Sobre suelo de Cabranes han creado su cauce una docena de riachuelos, que discurren íntegramente dentro del límite municipal. Entre ellos, destacan por su longitud y su caudal río Sales y río Viña, cuya céntrica confluencia da origen al río Viacaba, que entrega sus aguas en Villaviciosa. Montes, ríos, arbolado autóctono, prados y pequeños pueblos componen sobre territorio cabraniego un paisaje típico asturiano.

En la actualidad Cabranes censa 1.344 habitantes. Es el menor volumen de población registrado desde el siglo XVIII y no supone siquiera un tercio de la que habitaba el concejo a principios de este. Tal proceso de erosión demográfica encuentra su principal causa en la emigración de los jóvenes tras la posguerra. Entre 1950 y 1970 abandonaron Cabranes 270 de sus vecinos, en su mayoría varones, con destino a Cuba, primero, y a Santo Domingo, Argentina y México, después de la revolución Castrista. Entre 1980 y 1990 tomaron la misma decisión otros 212 cabraniegos, si bien prefiriendo destinos más cercanos, en el centro urbano de la región. Las consecuencias de la emigración se hacen sentir de manera implacable: despoblación, presencia de contadas parejas jóvenes con hijos, inversión de la pirámide de población, envejecimiento, elevada mortalidad y, en conclusión, pérdida demográfica crónica. La plaza mayor de Santa Eulalia, capital del concejo, recibe el nombre de plaza del Emigrante en memoria y reconocimiento de los que dejaron su tierra y, sin olvidarse de ella, aportaron ayuda económica para la construcción de escuelas, unas ya en desuso y otras en peligro de cierre por ausencia de alumnos.

La población de Cabranes está repartida en 30 pueblos y 78 caserías, algunos abandonados. Santa Eulalia, Camás y Torazo son los núcleos más poblados, situados a modo de trípode cada uno en un vértice del municipio, de tal manera que hacen bascular su vida social hacia las respectivas villas más próximas, Villaviciosa, Nava e Infiesto, centros de ocio y proveedoras de otros servicios. A efectos eclesiásticos, Cabranes esta distribuido en 6 parroquias: Santa Eulalia, San Martín el Real de Torazo, Santa María la Real de Fresnedo, a la que pertenece Camás, San Julián de Viñón, San julián de Gramedo y San Bartolomé de Pandenes. La organización administrativa del concejo no presenta más particularidad que la existencia de la parroquia rural de Pandenes, en la que residen un centenar de vecinos.

Cabranes registra un porcentaje muy elevado de población inactiva por jubilación (40%). La ganadería, de leche y de carne, proporciona aún el mayor número de ocupaciones, aunque la estadística actual no resista la comparación con los datos censales de épocas pasadas. Ahora es el sector de los servicios el que apunta un mayor crecimiento de producción y empleo. Baste para constatarlo referir la creación en la última década de diez establecimientos de gastronomía, hospedaje y otras actividades turísticas. Por contra, el concejo apenas ha conocido la industria, excepto alguna muestra aislada, no obstante de gran significación económica y simbólica. Es el caso de las minas de antracita de Viñón, ya en su día inspeccionadas por Jovellanos, clausuradas en 1964 después de emplear a más de 200 trabajadores; la mantequería que instaló Cesáreo García en su casa de El Retiro, barrio de Santa Eulalia, también Cerrada; la cooperativa de confección textil de Torazo, integrada por mujeres, en plena actividad; y la fábrica de embutidos de Naveda, cuyos productos se comercializan con gran éxito en toda Asturias.

Junto a éstas deben ser consideradas también algunas producciones artesanales de la madera, la cerámica o la miel, que sustituyen a otras más tradicionales, que hubo en tiempos, como la molienda o la producción de aperos para el campo. Este despegue un tanto perezoso de nuevas actividades está siendo respaldado por una aceptable dotación de servicios e infraestructuras. Todos los núcleos de población están conectados por carreteras en buen estado. Los domicilios cuentan con servicio de agua y electricidad, y la mayoría de ellos ha instalado el teléfono y los aparatos de uso doméstico más comunes. Las familias disponen por lo general de medio de transporte propio. La Mancomunidad Centrooriental, a la que Cabranes está incorporado, presta servicios básicos de atención Social.

Historia.

Aunque haya ido adquiriendo rasgos modernos, a través del mercado, del contacto con los centros urbanos y de su exposición a los medios de comunicación, Cabranes es, ante todo, un concejo con historia. Fue constituido en 1270 al serle otorgado el fuero de Benavente por Alfonso X el Sabio, que estableció el límite con Villaviciosa en Peña Cabrera. Hasta entonces, el territorio de ambos municipios, unificado, era conocido como Maliayo. Algunas fuentes hacen mención de la existencia de una tribu de cabrangini O cabruagénicos que en la época de la romanización, de la que han sido encontrados algunos vestigios como piedras y monedas, se hizo fuerte en la corona del Monte Castro, reconocida en 1965 por el arqueólogo José Man el González y en 1985 fatalmente destroza a por una pala excavadora. Cuenta la leyenda que los cabrangini libraron en este monte una dura batalla, con final favorable debido a la ocurrencia que tuvieron de colocar velas en la cornamenta de unas cabras para hacerlas pasar en medio de la noche por guerreros y atacar al enemigo por el flanco opuesto. Cabranes fue concejo de realengo, excepto un breve periodo en el Siglo XIV que cayó presa de las ambiciones del Conde de Trastamara, pretendiente ilegítimo a la Corona de Castilla, cuyos derechos pertenecían a Pedro I. Precisamente para defender esta causa Cabranes envió una representación a una reunión celebrada en las afueras de Oviedo en 1367, a la que acudieron 28 concejos y territorios de Asturias, que decidieron confederarse. Cabranes, por tanto, tuvo en la junta General del Principado una representación cualificada, que ocupó habitualmente el escaño decimoquinto a la izquierda del gobernador. Pero el municipio no adquirió su configuración actual hasta 1826, cuando recibió la incorporación de Camás. Coto propiedad del monasterio de Valdediós, a mediados del siglo XVIII lo habitaban cincuenta vecinos, ocho viudas y siete mozas solteras. Se estima que el cura párroco de Fresnedo, gracias a los oficios religiosos y por encargarse del cobro de los diezmos de pan, maíz y centeno, era el mayor hacendado del coto. Así como Cabranes se había dado en el año 1773 unas Ordenanzas, Camás redactó las suyas en el 1779 con el fin de dotarse de unas normas de policía rural.

Municipio tradicional, hidalgo, aislado a pesar de estar en el centro de Asturias, Cabranes ha manifestado en el último tramo de su historia una especial querencia por abrirse al mundo, saliendo a su encuentro o conectándose a el de múltiples maneras. En la emigración se forjaron cabranícgos descollantes como Dionisio Peón, que se convirtió en un punto de referencia de diversas iniciativas sociales y culturales en La Habana de entre siglos. José Madiedo, natural de Viñón, médico y bibliófilo del siglo XVIII, formó parte de los círculos ilustrados de Villaviciosa, cultivó la amistad de Francisco de Paula Caveda y participó en labores de divulgación Cultural. Ya en nuestro siglo, es obligado citar al inicio el periódico El Eco de Cabranes, de orientación reformista, y fundado en 1906 por Joaquín Alvarez de la Villa; Jesús Arango, Lin de Lon, poeta en bable recién reeditado; Jesús García Robés, notario y escritor, autor de Villagrís, una novela de costumbrismo rural publicada en Madrid en 1924 y ambientada en Santa Eulalia, llamada para la ocasión Llamargales; y Cesáreo del Valle, abogado y secretario del Ayuntamiento durante un tiempo. Mención aparte merece también la lingüista y escritora María Josefa Canellada por el paciente esfuerzo que sostuvo durante toda su vida con el afán de recuperar la cultura popular de Cabranes. Se valió para ello de la tradición oral conservada por los viejos de Torazo y sus alrededores. Fruto de un trabajo tenaz es El hable de Cabranes y numerosas otras obras, entre las que es inexcusable citar Montequín y Cuentos populares asturianos.

Arte y Cultura.

Al propósito de revalorizar la vida rural del concejo, con una actitud a la vez muy alerta hacia las innovaciones y los cambios que otros espacios rurales experimentan en la actualidad, respondió Encuentros en Torazo, un foro de reflexión pública creado en 1987 y que durante una década ha dinamizado poderosamente la vida social del concejo, alcanzando además una notable proyección pública en toda la región.

Que Cabranes tiene un nutrido y sólido sedimento cultural lo atestigua su patrimonio histórico, cuyo máximo exponente es la iglesia protorrománica de San Julián de Viñón, construida, en el siglo XI y declarada Bien de Interés Cultural. Más difícil, por contra, resulta ofrecer testimonio vivo de sus tradiciones y costumbres. Algunas de ellas, vinculadas a las tareas del campo, han desaparecido por completo. Es el caso de la esbilla. Otro tanto ha ocurrido con el cancionero y los bailes, a pesar de la muy estimable labor de la Agrupación Folklórica formada en 1984, o los juegos infantiles. Numerosas fiestas han dejado de celebrarse, pero aún se festejan San Francisco en Santa Eulalia, el Carmen en Arboleya y Torazo, Nuestra Señora en Fresnedo y Santa Ana en Madiedo. El declive de la ganadería no impide una elevada concurrencia de público y reses en las ferias de Santa Eulalía, Torazo y Pandenes. Junto a eventos festivos seculares, como la centenaria procesión y subasta de ramos del Carmen en Torazo, que cuenta con una cofradía devota desde 1776, otros más recientes van adquiriendo solera, como el festival del arroz con leche que se celebra durante las fiestas de Santa Eulalia, o el desfile de carrozas con motivo de las de Fresnedo.

Gastronomía.

Comer en Cabranes es recrearse en una cocina tradicional sin apenas mixtificaciones: potajes, fabadas, arroces con pitu, conejo o pítu caleya guisados, tartas de manzana, de avellana o de nuez; brazos de gitana, frisuelos... Y sobre todo, arroz con leche. Porque Cabranes festeja al citado arroz con leche no sólo como postre de asturianía sino también como vínculo de unión con sus hijos de allende los mares. (J. A. Fidalgo)

Rutas.

Cabranes es hoy, en certeras palabras de José Antonio Mases, un concejo "embargado por la soledad", que nota demasiado la falta de población joven y de una vida social más densa. Pero téngase en cuenta que por lo mismo Cabranes es un lugar apacible, idóneo para el descanso, de tal manera que dada su ubicación tan propicia no debe extrañar que poco a poco se esté convirtiendo en zona residencial, especialmente apta para ciertas actividades de ocio. El concejo entero se pone al alcance del visitante en una sola jornada. El periplo pue e iniciarse en cualquier punto y concluir en c alquier otro. Para aliviar los pies, alguna etapa de recorrido puede hacerse a caballo recurriendo a una empresa de turismo ecuestre. Peña Cabrera, donde existen un área recreativa y unos túmulos de reconocido valor arqueológico; el santuario de la Virgen del Carmen en Arboleya, el Museo de Cerámica abierto por Leopoldo Palacio en 1984 en Piñera, que alberga una colección única de más de dos mil piezas; La Soma y Cotubellosu, en la parte norte, desde donde se avista el mar, y Santa Eulalia, son lugares donde se recomienda hacer un alto para dosificar el esfuerzo y a la vez disfrutar de la mera contemplación. Por lo demás, en cualquiera de los bares que se topan a lo largo de la caminata es posible reponer fuerzas con holgura a base de platos caseros. Quien se dispusiere a emprender una ruta por el concejo encontrará alicientes en la observación de los más de 300 hórreos, las casas de estilo colonial de Torazo y el reloj de su iglesia, las típicas casitas con balcón alineadas en formación irregular, los restos de molinos en el margen del Sales, el descomunal eucalipto de doscientos años del campo de la iglesia de Santa Eulalia y, desde luego, en la conversación de los lugareños, pozo de una sabiduría popular que constituye la principal riqueza de los cabraniegos y su previsible mayor pérdida, pues su extinción parece irremediable. El paseante encontrará a su paso una rica toponimia, tendrá permiso para saborear unas manzanas muy afamadas por su calidad y, si esta de suerte, será sorprendido por una ardilla, una jineta o una comadreja en actitud clandestina. O, en fin, si es dado a las averiguaciones históricas, podrá andar a la búsqueda del emplazamiento de Guardo, un pueblo desaparecido, se dice que por los efectos de la lepra u otra epidemia sobre sus habitantes, donde en el siglo XIII hubo una malatería.

Cabranes es un concejo con alcurnia, vaciado por la acción de la historia misma, desconocido, silencioso, evolucionado, y que se ofrece generosamente al forastero.

AUTOR: Oscar Rodríguez Buznego